Quienes colaboramos en hacer realidad los Partos Acuáticos, consideramos que esta sección es muy especial, ya que está dedicada a todas aquellas mujeres que se han atrevido a retar a la Ciencia Médica y que, a pesar de las adversidades, Contra Viento y Marea, han confiado en su cuerpo y en nosotros.
Sabemos que todas las mamitas son especiales; sin embargo, existen algunas que, por diferentes circunstancias, enfrentan mayores dificultades para ver sus sueños hechos realidad.
Aquí encontrarás sus testimonios:
La llegada de Miriah Camila
La travesía de nuestro embarazo fue caprichosa, fantástica e interesante. Nosotros, como las demás parejas, no estábamos preparados para el acontecimiento que venía, los meses próximos fueron de aprendizajes y toma de decisiones.
La primera noticia fehaciente sobre la preñez de Blanca la supimos en el centro médico de Ciudad Universitaria de la UNAM, espacio emblemático para mí; en este espacio conocí a Blanca en nuestros cursos de maestría, aquí desarrolle el 60% de mi preparación y ahora venía en camino una pumita.
Los resultados eran positivos a 11 meses de haber unido nuestras vidas, los primeros sentimientos eran de temor y alegría, todos los familiares y amigos rebozaron de regocijo, en mi núcleo familiar sería la primera nieta.
De diciembre a abril del año 2006 no encontramos a un ginecólog@ u obstetr@ que nos mereciera confianza. Todos, sin excepción, les interesaba más el lucro que la satisfacción y la seguridad de Blanca y la bebe. Buscamos varias opciones aquí en el DF y en Aguascalientes, pero todo se redujo a dos temas: el precio del parto y la seguridad “científica”, “médica” y “estadística” de que Blanca daría a luz a través de una cesaría por contar con 34 años. Blanca desde el principio optó por un parto natural y se cerraba a toda costa a una cesárea si no era necesaria.
Para abril de 2007 teníamos dos problemas, el primero era que no teníamos un médico que atendiera el embarazo de forma permanente y el segundo, como parte del primero, no lo teníamos debido a la búsqueda incansable de uno que intentara un parto natural dentro de los parámetros médicos de seguridad.
Esto no podía seguir así, aunque contábamos con el ISSTE para cualquier emergencia o opción colateral, el objetivo primordial de nuestras vidas fue hacer un último esfuerzo y buscar hasta debajo de las piedras. Iniciamos una indagación por la Internet, con amigos y familiares sobre las distintas formas alternativas y dignas de dar a luz, la información recabada fue extensa y de buena calidad, desde documentos de la Organización Mundial de la Salud que aconsejaban los partos naturales sobre la cesárea, pues ésta tendría que practicarse sólo en casos de extremo peligro para la mamá y el bebé o por razones médicas, hasta organizaciones de mujeres que luchaban por la dignificación de los partos y nacimientos sin violencia, así como instituciones médicas que practicaban estas en el ámbito internacional. Pues fuera del país es algo muy común.
Ahora el problema concreto era encontrar una institución seria que practicara partos alternativos, humanos y dignos en el Distrito Federal. Encontramos muy pocos, eso me decepcionó mucho y pensé que las feministas del país perdían su tiempo en discursos y no nos habíamos preocupado por algo tan cotidiano como generar un espacio humano y digno para las madres y las vidas nuevas en nuestra ciudad, de todos es conocido el maltrato y la violencia que sufren las madres en su proceso de parto tanto en instituciones públicas como privadas.
Un buen día nos pusimos a hacer llamadas y una de éstas fue a la oficina de Gaby y ese día fuimos a cerciorarnos y nos quedamos a una sesión del curso psicoprofiláctico que impartía, nos encantaron los ejercicios y la propuesta de de un parto en agua, días más tarde fue nuestra primera cita con el doctor Christian y nos gustó su seriedad y profesionalismo que demostró. Por fin habíamos encontrado el equipo ideal, Gaby y Christian representaban la posibilidad de un parto natural para Blanca y la bebé, aunque los dos fueron enfáticos en decirnos con toda sinceridad que ellos respetaban la búsqueda de éste, siempre y cuando no existieran razones médicas para impedirlo.
Los días y semanas pasaron y nos dimos cuenta de que todo el equipo y en particular Gaby y Christian nos aseguraban todo lo que habíamos buscado: la posibilidad de un parto natural, profesionalismo, experiencia y una rica calidad humana. Gaby poco a poco nos fue preparando psicológicamente, físicamente y sentimentalmente para el día del parto; Christian mostraba rigor médico y dejaba una sensación de seguridad. Al aproximarse el mes de julio de 2007, el profesionalismo y la calidad humana del que hablo se puso a prueba, prueba que se extendió a nosotros también.
La primera semana de julio, después de un seguimiento riguroso del embarazo, se presentó un cuadro de restricción de crecimiento unido al problema de alta presión. De inmediato Christian recomendó la práctica de exámenes, uno para verificar si no se trataba de una preeclampsia, sin embargo Blanca no mostraba pérdida de proteínas en la orina, se le dio medicamento para controlar la hipertensión, el siguiente examen fue hacer un seguimiento semanal de las condiciones en las que se encontraba la bebé a través de ultrasonidos para verificar la placenta y otros indicadores con Doppler. Todo marchaba bien, la bebé era fuerte y sus signos vitales eran normales. Paralelamente Gaby practicaba sus saberes en psicoprofilaxis y en todo momento nos inyectaba mucha confianza. Sin embargo el tercer jueves se complicó, había una significativa baja de líquido amniótico, por lo tanto se recomendaba inducir el parto al día siguiente, el embarazo ya estaba en término.
El 20 de julio llegó la prueba final, a las 11 de la mañana ya estábamos ahí y desde ese momento hasta después de 12 horas trabajando en el parto, con uno de los mejores acompañamientos médico y humano nació la pequeña Miriah Camila. El camino fue difícil, pues no estuvo fuera la posibilidad de una cesárea, el seguimiento médico y la atención psicoprofiláctica fue rigurosa, después de las 7 de la noche todos estábamos implicados en alcanzar ya un parto en agua. Finalmente 40 minutos antes de la media noche Camila llegó.
En retrospectiva puedo asegurar que elegimos la mejor opción para el nacimiento de Miriah Camila, un nacimiento que contó con el amor y experiencia de los implicados, fue una manera amable y agradable de venir a la vida, creo que contribuimos con nuestro granito de arena a humanizar un pedacito de de este mundo. Sólo me resta expresar mi respeto y agradecimiento a Gaby, Christian y a mi amada Blanca por alcanzar su sueño. Y dar un grito exigente a los médicos que no acompañan a sus pacientes en su trabajo de parto, pues creo que les son más fáciles y retribuibles las cesáreas, ellos sólo contribuyen a tener un mundo cada día peor.
Busca la experiencia como la vivió su esposa Blanca